Con síntomas gripales, tos y calentura inició Jorge Alberto Guerrero Ibarra el 2010, eso lo obligó a acudir a un médico...
Por: Alejandro Paz/Ciudad Victoria17/02/2010 | Actualizada a las 08:38h
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Ciudad
Victoria, Tamaulipas.-Con síntomas gripales, tos y calentura inició
Jorge Alberto Guerrero Ibarra el 2010, eso lo obligó a acudir a un médico
particular, en donde le aseguraron no era nada grave.
La visita al médico le originó recibir medicamento, con las que el joven de 23
años de edad se restableció, pero 18 días después sufrió una recaída.
Su padre le pidió fuera a consulta nuevamente, y él acudió al siguiente día a
casa de su madre, para después trasladarse al Hospital Civil, a donde llegó en
su automóvil. Ahí empezó a toser sangre, por lo que fue canalizado a piso, y se
puso grave. De allí salió, pero muerto.
El 19 de enero se registró su ingreso, y para el día 20, su estancia era en la
unidad de cuidados intensivos del mismo hospital.
Serapio Guerrero García relata que su hijo al estar internado comenzó con
demasiada tos y calentura, además que para respirar requería una “especie de
bolsa”.
Al segundo día de su ingreso le mandaron a hacer exámenes para saber si se
trataba de influenza, aunque fue hasta tres días después en que confirmaron era
portador del virus mortal.
La plática del hombre de 43 años de edad se interrumpe, su voz se quiebra y en
su rostro corren las lágrimas, las que, con su mano limpia, para continuar:
“Siempre nos dijeron de una forma sin sentimiento que mi hijo estaba mal y que
en cualquier rato se moría, es una forma muy cruda, muy drástica como hablan
ellos”.
La explicación que le dieron sobre la enfermedad de su hijo, era que tenía un
virus muy fuerte, que se le alojaba en los pulmones y que causaba una
expansión, que no le permitía respirar. Por lo que tenían que sedarlo para
mantenerlo y poder combatir la enfermedad.
Sin embargo, a pesar de los esfuerzos la enfermedad no cedió y el estudiante de
la Unidad Académica de Derecho y Ciencias Sociales, de la Universidad Autónoma
de Tamaulipas (UAT), falleció el 29 de enero.
El recuerdo de lo que vivió, se nota en sus ojos, están húmedos, el hombre de
43 años de edad está a punto de llorar, en el momento en que niega que no han
recibido vigilancia epidemiológica, y que para vacunar a su familia batallo
mucho.
Entrevistado frente al mostrador de una carnicería ubicada en la Calle Alaska
de la Colonia Libertad, dice estar molesto con los medios de comunicación
“porqué no dan a conocer, o no les dan a conocer a ustedes como medios, los
problemas que están pasando en todos los hospitales”.
Y asegura que los hospitales están llenos, “llenos de gente como mi hijo, hay
bastante gente con influenza en todos los hospitales, General, ISSSTE, Seguro
Social y Hospital Civil”.
La molestia que tiene lo hace llorar, y después de toser, declara: “No han dado
a conocer la muerte de mi hijo, sólo dieron a conocer la muerte de un señor
Ramón de 38 años de edad de la Universidad, pero ahí dicen que nada más es sólo
una persona, mi hijo pertenecía a la Universidad iba para el segundo semestre,
estaba estudiando para abogado, mi hijo tenía 23 años, su nombre es Jorge
Alberto Guerrero Ibarra”.
Afirma y dice tener los documentos que le aseguran que su hijo murió por
influenza A/H1N1, y aunque es verdad las autoridades sanitarias no se han
acercado a valorarlos, “si nosotros fuéramos portadores ya hubiéramos infectado
más gente”.
Añade que la novia de su hijo dijo que estaban casados, para poder incluirlo al
Seguro Popular y así tener acceso a los medicamentos, sin embargo, sólo le
entregaron unos, los otros los tuvo que comprar, entre ellos uno que costaba
más de 500 pesos.
“Estuve pagando de mi bolsa y mendingando medicamento con la gente, hasta me
regalaron dinero y medicamento para seguir dándole a mi hijo”.
Da a conocer que en el ISSSTE le regalaron unos medicamentos, pero después ya
no quisieron ya que pensaron que el medicamento lo estaba negociando.
“Les decía voy a esperar a que mi hijo se muera, para que me puedan dar la
razón a mí, de ahí que les digo que hay mucha gente enferma que no dan a
conocer”.
Hace una pausa y recuerda que su hijo también está afiliado al IMSS, por parte
de la escuela, pero tampoco le dieron medicamento ni le validaron su
afiliación.
Al recorrer hospitales y estar en el área de cuidados intensivos del Hospital
Civil, Don Serapio asegura saber de más casos e incluso fallecimientos.
“Yo en especial me enteré de uno, y dejamos a otra persona ahí (en el Hospital
Civil) que era de Soto la Marina, una señora con diabetes, no recuerdo si eran
cuatro o seis pacientes que estaban en constante vigilancia por esa
enfermedad”.
Detalla que los pacientes no estaban aislados.
A los 13 minutos de haber iniciado la plática, el señor dice no temer a ser
estigmatizado, y que en comparación a otras familias que vivieron casos de
influenza, él si va a decir lo que pasó.
“A mí no importa, lo voy a hacer y lo estoy haciendo porque no quiero que otra
familia pierda a un hijo, un hermano, a un padre o a su madre, o un ser
querido, porque a mí en lo personal me dejo marcado para toda la vida, y eso es
lo que yo no quiero que suceda”.
El pide a las autoridades que digan las cifras reales, que no dejen de dar
medicamentos para que la gente se cure, y señala que las declaraciones de los
funcionarios de Salud, “son puras cuestiones que son pavoneadas, que son cosas
bonitas que dicen, porque si usted llegará y se parará encuentra en los
hospitales actitudes prepotentes de muchas enfermeras, que deberían de ponerse
más sensibles en el dolor de uno”.
Dice que su hijo nunca supo que tenía influenza, y que los médicos dejaron la
enfermedad como una simple, gripa o tos, además que ingresan a las áreas
médicas sin tapabocas y sin guantes.
La entrevista duró 19 minutos con 20 segundos, pero el dolor de Don Serapio le
durará toda la vida.
“Diosito se llevó a mi hijo, y no estoy conforme porque me lo dejó muy poco
tiempo, mi hijo era una persona con muchas ganas de vivir, tenía muchos
proyectos que dejó pendientes”, concluyó.